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Entrevista · Rodillas · Lo que ha cambiado en 2026 para los mayores de 55

«A mi madre le dolían las rodillas como a tantos, pero ella ya había llegado a donde nadie quiere llegar: quirófano en menos de un año, a los 65 y con un riesgo enorme. Me propuse encontrar otra manera antes de esa fecha — y lo que no esperaba es que acabaríamos ayudando a 13.230 españoles de más de 55 a subir sus escaleras sin pasar por el quirófano y sin que nadie se lo note»

A la izquierda, ella parada en la escalera con la mano en la rodilla y cara de esfuerzo; a la derecha, la misma escalera subiéndola bien con las bolsas del mercado y las rodilleras puestas

Juan Bermejo, 45 años, y su madre. «La de la izquierda es de antes: paraba en cada escalón con la mano en la rodilla. La de la derecha es la misma escalera, hoy, subiendo con la compra.»

Aviso de Juan

«Si has llegado hasta aquí es porque a ti, o a alguien de tu casa, le cuesta ya la escalera. Léelo entero hoy: te lo cuento aquí antes de que lo quiten, que ya me lo han pedido dos veces. A mi madre no la avisó nadie a tiempo, y lo que se perdió no fue dinero: fue un año de piernas.»Juan Bermejo, 45 años · Alicante

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Más de 13.230 españoles de más de 55 años han resuelto su problema de rodillas sin pasar por el quirófano: hoy suben sus escaleras, bajan a la compra y salen a pasear como hacían antes. Todos llevan el mismo aparato detrás de la rodilla, y todos lo llevan por lo que hizo un hombre.

Juan Bermejo tiene 45 años, es delineante y vive en Alicante. Hace un año le dieron fecha a su madre para una prótesis de rodilla: doce meses de espera, un quinto sin ascensor y 900 € de pensión. Lo que montó durante esos doce meses es lo que hoy llevan esas 13.230 personas. Lo que va en negrita son nuestras preguntas; todo lo demás lo cuenta él.

Juan Bermejo, de unos 45 años, hablando con una periodista en el comedor de su casa, con la grabadora y la libreta sobre la mesa

Juan Bermejo, en el comedor de su casa, durante esta entrevista. De aquí en adelante, todo lo que se lee en letra normal lo cuenta él.

Si tiene más de 55 y la escalera se le ha puesto cuesta arriba, esta entrevista va de usted.

Más de 13.230 personas mayores de 55 han solucionado su problema de rodillas sin pasar por una operación — gracias a este curioso aparato

Mosaico de nueve personas mayores de distintas partes de España haciendo vida normal con las rodilleras puestas

Nueve personas, nueve pueblos distintos y el mismo aparato detrás de la rodilla. Todas habían dejado de hacer justo lo que están haciendo en la foto — y todas han vuelto a hacerlo.

— Empecemos por estas fotos que nos ha traído. ¿Quiénes son?

Gente que lleva nuestro aparato y ha vuelto a hacer su vida: suben, bajan, salen a la calle, cargan con la compra. Todos habían dejado de hacer justo eso que están haciendo en la foto. Y todos llevan lo mismo detrás de la rodilla.

Cinco minutos y lo tiene todo: qué tenía su madre y lo que le dijeron en el hospital, lo que probaron y no sirvió, qué acabaron fabricando y cuándo se nota.

Cuatro profesionales con bata tras una mesa de acero y, en el centro, el producto desenfocado con un gran interrogante encima

Lo que hay encima de esa mesa es lo que acabó usando mi madre. Siga bajando: en dos minutos entenderá por qué empuja en vez de apretar.

Al principio es solo la escalera. Un año después es no bajar a la calle

— ¿Cómo empieza esto?

Un pinchazo al subir. La mano que se va sola a la barandilla. El descansillo donde uno se para «a coger aire» cuando en realidad se está parando a que le deje de doler. Después se sale menos, se compra en el bar de abajo en vez de en el mercado, se dice que no a una boda porque hay que subir tres pisos. Y un día, sin haberlo decidido nadie, la vida cabe entre cuatro paredes.

A mi madre, con 65 años, un quinto sin ascensor y 900 € de pensión, le pasó entero. Empezó bajando una vez al día; acabó bajando solo los jueves. Hasta que la encontré sentada en el escalón del tercero con la compra al lado, esperando a que se le pasara. Me dijo, como si fuera lo más normal: «es que yo aquí paro siempre». Llevaba meses parando ahí y en casa no lo sabía nadie.

Mujer mayor sentada en un escalón del rellano con la bolsa de la compra al lado, recuperando el aire

El tercero. Me dijo que paraba ahí siempre. Llevaba meses haciéndolo y no lo había contado en casa.

«Yo no quiero que me quiten el dolor. Quiero subir a mi casa.»

El día que le dieron fecha para el quirófano empezó mi cuenta atrás: doce meses

— ¿Qué les ofrecieron en el hospital?

Lo que le ofrecen a todo el mundo cuando la rodilla ya no da más de sí: entrar en la lista para una prótesis. Salimos con un papel y una fecha, y la fecha es lo que nadie mira. Doce meses. Doce meses para una mujer de 65 que vive en un quinto sin ascensor no son doce meses: son doce meses sin bajar.

Manos de una mujer mayor sosteniendo una carta de cita del hospital junto a un calendario

La fecha de la operación. A doce meses vista, que a los 65 y en un quinto sin ascensor no son doce meses.

⚠ Lo que pasa mientras uno espera

La rodilla que duele se usa menos. La que se usa menos se debilita, así que duele más. Se sale menos, se coge peso, cada escalón pesa más que el mes pasado. Así se llega a lo que nadie quiere: al quirófano, y unos cuantos a una silla de ruedas que no hacía falta. Si usted lee esto con dolor de rodilla, va por ese mismo camino: no se llega de golpe, se llega despacio.

Equipo quirúrgico con batas azules alrededor de la mesa de operaciones bajo las lámparas, con el paciente cubierto por completo

Aquí es donde acaba la cuesta si nadie la para. Y a los 65, entrar aquí es una decisión con riesgo, no un trámite.

— Pero la iban a operar. ¿Por qué no esperó?

Porque aquella noche dijimos en casa lo que no se dice en voz alta: una operación de rodilla no es un trámite. Te abren, y ahí dentro hay nervios. Sale bien la mayoría de las veces y alguna no sale bien. Apunté la fecha en el calendario de la cocina: tenía doce meses para encontrarle otra manera.

Meses 1 a 6: probamos todo lo que hay — y lo que mejor pintaba la dejó peor

— ¿Qué probaron?

Lo que prueba cualquiera cuando le empieza a doler: masajeadores, mantas eléctricas, cremas, pastillas, rodilleras de farmacia, fisio. Habrá quien lo haya probado ya todo y quien esté empezando ahora; da igual, porque es el mismo camino y es el equivocado, y se lo dice uno que lo pagó. Todo aquello alivia mientras lo llevas puesto, pero cuando llegas al escalón la rodilla sube el mismo peso que antes.

Mesa con lo que se compra para una rodilla que duele: rodilleras de compresión, tobillera, masajeador, manta eléctrica, crema y pastillas

El cajón de mi madre. Todo eso alivia un rato en el sofá; ninguna de esas cosas sube un escalón por ti.

— ¿Y el dinero?

Mi madre cobra 900 €. De ahí sale la luz, la comunidad, la comida y las pastillas. El fisio, que es lo que mejor funciona de todo esto, cuesta todos los meses y además hay que ir: si no puedes bajar cinco pisos, tampoco puedes ir a que te enseñen a bajarlos. Yo le dije que lo pagaba yo y ahí se me plantó: sabe que tengo dos niñas y a mi mujer, y le parecía injusto estar pidiéndole dinero a su hijo todos los meses.

Manos de una mujer mayor sobre su cartilla de la pensión y un montón de recibos, con la calculadora, las gafas y el pastillero en la mesa de la cocina

La cuenta de su madre: la pensión, los recibos y la caja de las pastillas. De ahí no salen sesiones todos los meses.

«Con 900 euros no puedo estar todos los meses gastando. Y a ti no te voy a pedir dinero, que tienes dos niñas y una mujer.»

— En el mes seis parecía que habían dado con algo.

Una rodillera de compresión de las buenas. La primera tarde pareció el milagro: aprieta, sujeta, da calor, y ella se notó la pierna segura. Bajó al mercado, que llevaba dos semanas sin bajar. Yo esa noche llamé a mi mujer y le dije que ya estaba.

El milagro duró lo que ella tardó en quitársela para ducharse. Se sentó en la cama, se la bajó y no podía ni apoyar el pie: la rodilla se le había hinchado como un pan. Esa semana no bajó ni un día.

Mujer mayor sentada en el borde de la cama por la noche, con la rodillera elástica quitada sobre el regazo y las dos manos apretándose la rodilla

La noche del mes seis, con la rodillera ya quitada. «Mientras la llevas puesta te lo tapa; cuando te la quitas, te lo cobra todo junto.»

Esto es lo que nos explicaron después los técnicos, y resume por qué nada de aquello servía. Una banda elástica sujeta. El calor relaja. Una pastilla tapa la señal. Ninguna de las tres le quita ni un kilo de encima a la articulación: el escalón lo sigue subiendo la rodilla. Por eso lo que alivia hoy puede dejarle peor dentro de seis meses, porque mientras tanto la pierna se sigue debilitando. Lo único que rompe ese círculo es quitarle peso a la rodilla justo en el momento en que sube.

Mes 8: mi madre se rindió, y esa semana me puse a fabricar

— ¿Qué pasó en el mes ocho?

Que dejó de bajar del todo. Dormía en el sillón porque en la cama no podía estirar la pierna, y un domingo, comiendo, me soltó la frase que no se me ha quitado: «déjalo, hijo, que ya me operarán». Mi madre, que no se ha quejado en su vida, se había rendido con cuatro meses por delante.

Mujer mayor dormida en un sillón del salón por la noche, tapada con una manta y con la pierna estirada sobre un taburete

El mes ocho en su casa: dormía en el sillón, con la pierna en alto y la rodilla vendada por la hinchazón, porque en la cama ya no podía estirarla.

Yo ya no dormía. Se me venía siempre la misma escena: la operación sale regular y de un quinto sin ascensor pasa directa a una silla de ruedas. Y lo que más miedo me daba era entender que eso no se decide el día del quirófano: se decide meses antes, cuando todavía duele poco y uno cree que tiene tiempo. Si usted lee esto con la rodilla dándole guerra, está justo en ese momento.

— Y se puso a fabricar.

Soy delineante: me paso el día dibujando piezas, y esto para mí era un problema de fuerzas. Si la rodilla ya no puede con el peso, que ese empujón lo ponga otra cosa. Vi la tobillera de mi sobrino, de esas que llevan una goma, y se me ocurrió la tontería que lo cambió todo: ¿y si en vez de una goma le pongo un muelle? Lo até con bridas en la mesa del comedor. Era un adefesio. Pero subí el escalón del pasillo y empujaba.

Tobillera vieja con un muelle de acero atado a mano con bridas sobre la mesa del comedor, junto a unos alicates, tornillos y un croquis a lápiz

El apaño del mes nueve: una tobillera vieja, un muelle de ferretería y cuatro bridas. «Era un adefesio. Pero subí el escalón del pasillo y empujaba.»

En quince días lo pasé a algo que se pudiera poner: un panel, un muelle grande y unas cinchas cosidas a mano. Funcionaba. Pero era enorme, y mi madre lo resumió en dos palabras: «con eso no salgo». Tenía razón: de nada vale que funcione si se queda en el armario. Hacía falta lo mismo, pero pequeño, plano y que no se viera — y para eso yo solo no llegaba.

A la izquierda el prototipo casero puesto en la pierna por encima del pantalón; a la derecha el mismo prototipo sobre la mesa, con el muelle de acero y la goma de una rodillera al lado

Esto es lo que salió de aquella idea. Izquierda: el armatoste puesto, que se veía a un kilómetro. Derecha: el mismo trasto en la mesa — la goma que llevan las rodilleras, al lado del muelle que le puse yo.

Mes 9: tres ingenieros de Alicante, una inteligencia artificial y la rodillera buena

— ¿A quién acude un delineante con un muelle metido en una bolsa?

A tres ingenieros de aquí, de Alicante, que se dedican a hacer mecanismos: un taller de los serios, con sus máquinas y sus planos. Les dije la verdad, que a mi madre la operaban en semanas. Yo esperaba que me dijeran que estaba loco y me dijeron lo contrario: que la idea del muelle era buena, pero que el problema no era el muelle, era dónde ponerlo y cuánta fuerza tenía que hacer en cada momento. Uno que empuje de más te lanza la pierna; uno que empuje de menos no sirve de nada.

Un hombre y tres ingenieros en un garaje, alrededor de un banco con muelles de acero, placas y un portátil

El garaje donde salió esto: muelles de todos los tamaños, un calibre y meses de prueba y error.

— ¿Y ahí entra la inteligencia artificial?

Para no tener que fabricar mil versiones, que es justo lo que no me daba tiempo. Metieron el prototipo y las medidas de la pierna en programas de inteligencia artificial y le pidieron las cuentas: cuánta fuerza hay que devolver en cada punto del escalón y dónde tiene que ir el eje para que ese empujón caiga donde el cuerpo lo necesita. El ordenador lo probó miles de veces en una tarde; a mí, con muelles de ferretería, me habría llevado años. Sin esa parte, a mi madre la operan.

Portátil en un taller con un modelo en tres dimensiones de la bisagra de la rodilla y el mapa de fuerzas en colores, con las manos de un ingeniero señalando la pantalla

Lo que calculó la inteligencia artificial: por dónde se carga la rodilla en cada punto del escalón y cuánta fuerza hay que devolverle. A mano, eso eran años.

Y aquí está lo que casi nadie sabe: esto no lo inventamos nosotros. Se llama exoesqueleto, en rehabilitación llevan años usándolo y es lo único que hace lo que hay que hacer — poner la fuerza que le falta a la pierna justo cuando sube. El problema es que los que había eran armatostes de hospital: grandes, caros y con enchufe. Servían, pero nadie se los lleva al mercado a por el pan.

Lo que hicieron los ingenieros fue quitar, no añadir: fuera motor, fuera batería, fuera electrónica, hasta dejar lo único imprescindible —tres muelles, un eje y dos placas— y ponerlo detrás de la rodilla, que es el sitio donde no estorba. El mismo principio de los exoesqueletos que llevan los operarios que cargan peso, a escala de una pierna.

Así trabaja el exoesqueleto en las dos piernas: los muelles se cargan al doblar y devuelven el empujón al estirar. El mismo principio de los aparatos de rehabilitación, sin enchufe.

Mes 9, once días después: esto es lo que le pusimos a mi madre

Le pedimos a Juan que lo saque de la bolsa y nos lo explique él mismo.

Un panel acolchado con dos cinchas —una al muslo y otra a la pantorrilla— y, en el centro, un módulo de dos placas unidas por un eje de acero con tres muelles. Eso es todo.

Ultimate Knees en la mano, sin poner: el panel acolchado con las dos cinchas y el módulo de muelles

Así es de pequeño. Todo el invento son tres muelles, un eje y dos placas metidos en ese panel.

El módulo no va a los lados de la rodilla, va detrás, en el hueco de la corva, y la rótula queda libre: por eso no aprieta por delante, no molesta al doblar y cabe debajo de un pantalón recto.

— ¿Y cómo hace la fuerza?

Al doblar la rodilla, las placas se cierran y aprietan los muelles: esa fuerza se queda guardada. Al estirar la pierna, los muelles la devuelven empujando hacia arriba. Ese empujón es el que antes tenía que poner tu rodilla ella sola: hasta 20 kilos menos en cada escalón. Y al bajar funciona al revés, frenando el peldaño, que es donde más castigo se lleva.

Una persona subiendo una escalera cargando peso con las dos rodilleras puestas, con dos esquemas de la articulación: la rodilla soportando la carga y el empujón que devuelve el mecanismo

Subiendo con peso encima. En rojo, la articulación llevándose toda la carga en cada escalón; en verde, el empujón que le devuelven los muelles desde detrás de la rodilla. Eso es todo el invento.

— ¿Y de qué están hechas por dentro?

De poca cosa, y es a propósito. Tres muelles de acero, un eje cromado que hace de bisagra y dos placas atornilladas al panel; por fuera, neopreno acolchado y velcro. No hay motor, ni batería, ni electrónica, y por eso no hay nada que se estropee a los dos meses: empujan igual el primer día que dentro de dos años, y pesan lo que pesa un móvil.

Ultimate Knees desmontada: las dos placas, el eje de acero, los tres muelles, las tapas y el panel

Desmontada, pieza a pieza: las dos placas, el eje que hace de bisagra y los tres muelles montados en él.

  • 1 · La placa de arriba. Va cosida al panel del muslo. Es la que recibe el peso cuando doblas y la que empuja cuando estiras.
  • 2 · El eje de acero cromado. La bisagra: la única pieza que se mueve y sobre la que gira todo el mecanismo.
  • 3 · Los tres muelles de acero. El motor del invento. Se comprimen al doblar la rodilla y sueltan esa misma fuerza al estirarla.
  • 4 · Los topes de los extremos. Sujetan los muelles en su sitio y hacen que el movimiento sea suave, sin golpes ni ruido.
  • 5 · La placa de abajo. Engranada con la de arriba, va a la pantorrilla y reparte el empujón por la pierna en vez de concentrarlo en un punto.
  • 6 · El panel de neopreno con sus dos cinchas. Lo que lo sujeta a la pierna y lo que hace que no roce ni apriete.

Seis piezas. Eso es todo lo que hay dentro, y por eso no hay nada que se estropee.

Lo que han seguido midiendo desde entonces: en el mejor de los casos, alrededor de un 40 % de las personas que descargan la rodilla y además mueven la pierna dejan de necesitarlo a los seis meses. Es lo que han visto en sus pruebas, no una promesa: cada rodilla es un mundo y hay quien lo lleva siempre. Resultados no típicos: varían de una persona a otra. Esto no sustituye el criterio de su médico.

Semana a semana: lo que le fue pasando a mi madre

Tres fotos seguidas de la misma mujer en la misma escalera: agarrada con las dos manos, después con una sola y por último subiendo sin agarrarse y con la bolsa de la compra

La misma escalera, la misma luz y la misma señora: semana 1, semana 2 y semana 3. Lo único que cambia es de cuánto tiene que agarrarse. Resultados no típicos: varían de una persona a otra.

— ¿Cuándo se nota? Sea honesto.

Semana 1. El empujón es mecánico, así que el primer escalón ya se nota: no hay que esperar a que haga efecto nada. Mi madre lo dijo en el rellano del primero y no dijo nada bonito, dijo «anda». Esos días se notan un poco duras al doblar y se llevan a ratos cortos, porque la pierna lleva años haciendo el trabajo sola y tiene que acostumbrarse a que otro empuje.

Semana 2. Dejan de notarse puestas. Mi madre subió al portal sin pararse en el tercero, que era su parada de toda la vida, y lo hizo con la bolsa del pan en la mano y sin decirme nada.

Semana 3. Aquí es cuando cambia lo de verdad, y no es la rodilla: es lo que uno vuelve a hacer. Volvió al mercado los jueves con su carro. Luego un día cualquiera. Luego ya ni me avisaba de que bajaba, que es la mejor señal de todas.

De la cuarta en adelante. Como volvió a andar todos los días, la pierna se le fue poniendo más fuerte: en el mes diez hacía sus recados enteros y en el once se las ponía solo para la escalera y el paseo largo. A partir de ahí ya no va por semanas: va por persona. Resultados no típicos: varían de una persona a otra.

Mujer de unos 60 años subiendo la escalera de casa con Ultimate Knees puestas

El día que volvió a subir los cinco pisos. Paró en el segundo, pero subió ella sola y con la compra.

Mes 11: llamé al hospital para decir que mi madre no se operaba

— ¿Llamaron ustedes a cancelar?

Llamé yo, con ella al lado y después de hablarlo con su médico. Nos preguntaron dos veces si estábamos seguros. Y que quede claro, que me lo preguntan mucho: yo no le digo a nadie que anule una operación, eso lo decide cada uno con su médico. Lo que digo es que mi madre llegó a esa fecha andando, y llegó porque empezamos a movernos meses antes, no la semana de antes.

La madre de Juan paseando por la calle con su hijo, con las rodilleras puestas debajo del pantalón, señalando con el dedo dónde las lleva

Paseando con su hijo, con las rodilleras puestas debajo del pantalón. Señala dónde las lleva, porque si no, no hay quien las vea.

Mes 12, el giro: la historia se nos fue de las manos

— Usted no llamó a ningún medio. ¿Cómo acaba esto aquí?

Uno de los ingenieros se lo contó a un amigo suyo periodista. Se publicó, y a los dos días estaba en tres sitios más. Yo creo que la gente no se enganchó al aparato: se enganchó a un hijo que no quería que operaran a su madre y se puso a fabricar algo en la mesa del comedor.

Uno de los vídeos que corrieron por los móviles de media España este verano. Nadie se los puso por moda: se los pusieron para volver a andar.

De ahí en adelante ya no fue cosa nuestra. Este verano de 2026 lo ha comprado muchísima gente: mayores de 55 con el problema de siempre, un piso sin ascensor, un paseo que ya no daban, unos nietos a los que no podían seguir. Hoy son más de 13.230, y siguen entrando todos los días.

Juan Bermejo y su madre, juntos y sonriendo en el rellano de casa de ella, con la bolsa de la compra en la mano

Juan y su madre, hoy, en el rellano de su casa. Los cinco pisos que hace un año la tenían encerrada.

Y a mí lo que me llega son sus mensajes. Estos son los que más se repiten:

«Vivo en un tercero sin ascensor. Antes subía parando dos veces; ahora subo del tirón.» — Manuel, 68, Albacete

«Lo que más noto es levantarme de la silla. Ya no me agarro a la mesa delante de mis nietos.» — Carmen, 71, Sevilla

«Me iban a operar en marzo. Sigo en la lista, pero ahora bajo a la compra yo sola.» — Pilar, 74, Valladolid

Experiencias individuales. Resultados no típicos: varían de una persona a otra.

La misma mujer con las rodilleras paseando con la compra, agachándose y subiendo la escalera del portal

Pasear con la compra, agacharse a coger algo y subir el portal. Eso es lo que la gente cuenta que ha recuperado.

— ¿Y hay a quien no le hace gracia?

Hay mucho dinero puesto justo donde nosotros hemos metido tres muelles. Una rodilla que duele es un cliente que vuelve todos los meses —sesiones, cremas, rodilleras, aparatos—, y por encima está la operación, que es el negocio grande. Yo no digo que la cirugía no haga falta nunca. Digo que a mi madre la iban a operar sin que nadie le hubiera ofrecido antes quitarle peso a la rodilla.

Cómo se usan, y las dudas que más nos llegan a la redacción

Se ponen sentado en menos de un minuto: la cincha de arriba al muslo, la de abajo a la pantorrilla. No hay tallas, el velcro se ajusta a la pierna que sea. No se llevan todo el día: se ponen para lo que cuesta —la escalera, el paseo, los recados—. Y no hay que cargar nada por la noche, porque no llevan batería.

Mujer de unos 65 años andando por la calle con pantalón recto, sin que se le note nada en las piernas

Las lleva puestas en esta foto. Con un pantalón recto no se marca, y esa era la condición de mi madre.

Y la pregunta que me hace todo el mundo: debajo del pantalón no se marcan. Aquí se ve la misma pierna con la rodillera por fuera y con el pantalón puesto encima.

A la izquierda la rodillera por encima del pantalón; a la derecha la misma pierna con la rodillera debajo, señalada, sin que se note

Izquierda: puesta por fuera, para que la vea. Derecha: la misma pierna con ella debajo del pantalón — ahí sigue, y no se nota.

  • ¿Se notan debajo del pantalón? Con un pantalón recto, no. Era la condición de mi madre y es lo que más me preguntan.
  • ¿Vienen dos? Sí, una para cada rodilla. Y conviene, porque la que no duele carga con el doble.
  • Tengo artrosis, ¿me sirven? No llevan pastillas ni pinchazos: solo le quitan esfuerzo a la rodilla en cada paso. Si le han operado hace poco o tiene algo concreto, pregunte antes a su médico.
  • ¿Y si a mí no me sirven? Tiene 30 días para probarlas en su escalera. Si no nota que sube con menos esfuerzo, se devuelven.

Lo que he conseguido para quien esté leyendo esto

— Usted puso una condición para que esto se fabricara en serie.

Cuando la historia se movió, la empresa que fabrica el aparato se puso en contacto conmigo. Acepté con una condición, que es la que me importa: que quien llegue desde esta entrevista se lleve las dos, una para cada pierna, pagando una.

Las dos rodilleras Ultimate Knees sacadas de su caja sobre la mesa de un comedor

Lo que llega a casa: las dos, una para cada pierna, y nada más que montar.

Y ahora, para cerrar el año después del verano que han tenido, nos hemos puesto de acuerdo en una cosa más: esta condición es exclusiva de esta entrevista y va limitada a las 528 primeras compras. Cuando se terminen, se terminó.

⚠ Compras reales hechas desde esta entrevista

337 vendidas de las 528 · quedan 191 con el segundo par incluido. Cuando se agoten, se acaba la oferta.

Van dos por un motivo, no por regalar: la rodilla buena también trabaja. Cuando una duele, la otra carga con el doble y acaba igual. Se paga contra reembolso, en la puerta de su casa, y hay 30 días de prueba: si no nota que sube con menos esfuerzo, lo devuelve.

⚠ Aviso para el lector. Esta condición —el segundo par y los 30 días— solo existe dentro de esta página y solo para las 528 primeras. Antes de decidir nada, siga bajando: justo debajo están las opiniones de quienes ya suben con ellas y el acceso que han dejado abierto para los lectores de esta entrevista. ↓

Los que ya la tienen

Pareja de unos 60 años paseando del brazo por el parque, los dos con Ultimate Knees, vistos desde atrás
Volver a pasear sin ir pensando en la rodilla.
Luisa M., 63Luisa M., 63 · SevillaCompra verificada
★★★★★

Subo escaleras sin pinchazos. Pensé que no volvería a hacerlo.

A 142 personas les pareció útil

Rafa G., 58Rafa G., 58 · ValenciaCompra verificada
★★★★★

Camino al mercado sin pararme a mitad del camino. La rodilla ya no me falla.

A 118 personas les pareció útil

Carmen L., 61Carmen L., 61 · MadridCompra verificada
★★★★★

La uso todo el día y no se mueve. Puedo estar de pie en la cocina sin dolor.

A 97 personas les pareció útil

Mujer de unos 60 años en el recibidor, con un pie en un taburete, abrochando la cincha de Ultimate Knees antes de salir; vista desde atrás, con los muelles detrás de las rodillas
Dos cinchas de velcro y lista para salir.

Más de 13.230 personas llevan ya Ultimate Knees

Mira lo que cuenta gente de toda España a la que le cuesta subir escaleras

4,9
★★★★★
1.874 reseñas
5 ★1.702
4 ★131
3 ★27
2 ★8
1 ★6

93% se la recomendaría a alguien de su familia

Satisfacción
Subir escaleras
No se nota bajo la ropa

★★★★★

Helena F., 61 años

Compra verificada

Antes cada peldaño era un suplicio por el dolor en la rodilla. Con esta rodillera los pinchazos desaparecieron desde el primer uso. Ahora subo y bajo con seguridad, sin parar a mitad de camino.

Helena, 61 años, subiendo la escalera de su casa con Ultimate Knees, vista desde atrás
Resultados no típicos · Results not typical.

★★★★★

Andrea P., 57 años

Compra verificada

Subir escaleras era lo peor del día. Ahora las subo sin pinchazos ni miedo a que la rodilla falle, y la noto mucho más estable.

Andrea, 57 años, con su Ultimate Knees en la mano en la entrada de casa
Resultados no típicos · Results not typical.

★★★★★

David R., 67 años

Compra verificada

Compré dos pares, uno para mi mujer y otro para mí, y no me he arrepentido. Me operaron hace poco y encontré una nueva vida en mis rodillas. Se lo he recomendado a mis amigos y a mi familia.

Los dos pares de Ultimate Knees de David, 67 años, recién sacados de sus cajas
Resultados no típicos · Results not typical.

★★★★★

María R., 66 años

Compra verificada

El dolor me tenía casi encerrada en casa. Desde que uso esta rodillera me muevo con confianza, y he vuelto a salir a pasear con mis nietos.

La caja de Ultimate Knees de María, 66 años, recién entregada en la puerta de casa
Resultados no típicos · Results not typical.

★★★★★

Camila H., 59 años

Compra verificada

Antes no llegaba ni a la esquina sin molestias. Ahora camino más de 30 minutos sin tirones y he vuelto a mis paseos de cada día.

La Ultimate Knees de Camila, 59 años, con su caja en el asiento del coche
Resultados no típicos · Results not typical.

Treinta días para probarlas en su escalera

Medalla de 30 días de prueba junto a una clienta con sus Ultimate Knees en las manos

Treinta días. La prueba que vale no es la nuestra: es su escalera, la de todos los días.

No hace falta que se fíe de nadie. Llévelas un mes haciendo su vida y compruebe lo único que importa: que sube las escaleras de su casa con menos esfuerzo.

O lo nota en la escalera, o le devolvemos cada euro, sin preguntas.

Podemos arriesgarnos porque sabemos lo que pasa cuando alguien deja de apretarse la rodilla y empieza a llevarla descargada: ya son más de 13.230 pedidos en España. Y además paga en la puerta de su casa, cuando ya las tiene en las manos.

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Ultimate Knees de Laura, 59 años, en la mesa del salón
Antes cada movimiento era un riesgo de dolor. Con esta rodillera, caminar, estar de pie o levantarme ya no me supone un esfuerzo. He recuperado la libertad que había perdido.
Laura P., 59 años · Compra verificada
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Lo que cuentan en Facebook

P
Paco
hace 4 días
Estoy todo el día haciendo chapuzas, y esto lo llevo siempre porque me alivia muchísimo.
👍 Me gusta· Responder👍 21
FG
Fernanda G.
hace 1 semana
Antes a los diez minutos ya buscaba sentarme. Con esta rodillera aguanto la mañana entera trabajando y llego a casa sin ese pinchazo.
👍 Me gusta· Responder👍 17
ÁH
Ángel H.
hace 6 días
Había dejado la bici por miedo a la rodilla. Ahora entreno suave, sin tirones, y la noto protegida en cada movimiento.
👍 Me gusta· Responder👍 12

Preguntas frecuentes sobre Ultimate Knees

¿Hay tallas?

No hace falta: es talla universal. Se ajusta con velcro y sirve para cualquier pierna, fina o gruesa.

¿Dónde se coloca exactamente? ¿Vale para las dos rodillas?

El panel con los muelles va detrás de la rodilla. Una cincha rodea el muslo por encima y otra la pantorrilla por debajo, y la rótula queda libre. Vienen dos, una para cada rodilla.

¿Cuánto rato al día? ¿Puedo dormir con ella puesta?

Póntela para lo que te cuesta: la escalera, el paseo, los recados. Los primeros días, ratos cortos. Para dormir no hace falta.

Tengo artrosis diagnosticada. ¿A mí me sirve?

Sí. Le quita esfuerzo a la rodilla en cada paso, sin pastillas ni pinchazos. Si tienes algo médico concreto o te han operado hace poco, pregunta antes a tu médico o a tu fisio.

¿Se nota mucho debajo del pantalón?

Casi nada. El panel va detrás de la rodilla y las cinchas son finas: con un pantalón recto casi nadie lo nota.

¿En cuántos días se nota?

El empuje, desde el primer escalón, porque es mecánico. Los primeros días la notarás dura al doblar; en una semana la pierna se hace a ella.

¿Cómo se limpia?

La funda es lavable: a mano, con agua templada y jabón suave, y a secar al aire.

¿Cómo pago? ¿Y si a mí no me funciona?

Pagas en la puerta de tu casa, al repartidor, cuando ya la tienes en las manos. Y tienes 30 días de prueba: si no notas que subes con menos esfuerzo, te devolvemos el 100 %.

Más de 2.000 personas llevan ya Ultimate Knees

Mira lo que cuenta gente de toda España a la que le cuesta subir escaleras

4,9
★★★★★
1.874 reseñas
5 ★1.702
4 ★131
3 ★27
2 ★8
1 ★6

93% se la recomendaría a alguien de su familia

Satisfacción
Subir escaleras
No se nota bajo la ropa

★★★★★

Helena F., 61 años

Compra verificada

Antes cada peldaño era un suplicio por el dolor en la rodilla. Con esta rodillera los pinchazos desaparecieron desde el primer uso. Ahora subo y bajo con seguridad, sin parar a mitad de camino.

Helena, 61 años, subiendo la escalera de su casa con Ultimate Knees, vista desde atrás

★★★★★

Andrea P., 57 años

Compra verificada

Subir escaleras era lo peor del día. Ahora las subo sin pinchazos ni miedo a que la rodilla falle, y la noto mucho más estable.

Andrea, 57 años, con su Ultimate Knees en la mano en la entrada de casa

★★★★★

David R., 67 años

Compra verificada

Compré dos pares, uno para mi mujer y otro para mí, y no me he arrepentido. Me operaron hace poco y encontré una nueva vida en mis rodillas. Se lo he recomendado a mis amigos y a mi familia.

Los dos pares de Ultimate Knees de David, 67 años, recién sacados de sus cajas

★★★★★

María R., 66 años

Compra verificada

El dolor me tenía casi encerrada en casa. Desde que uso esta rodillera me muevo con confianza, y he vuelto a salir a pasear con mis nietos.

La caja de Ultimate Knees de María, 66 años, recién entregada en la puerta de casa

★★★★★

Camila H., 59 años

Compra verificada

Antes no llegaba ni a la esquina sin molestias. Ahora camino más de 30 minutos sin tirones y he vuelto a mis paseos de cada día.

La Ultimate Knees de Camila, 59 años, con su caja en el asiento del coche

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