Creía que mi terraza quedaba limpia con la manguera y el cepillo.
Hasta que un técnico alemán jubilado pasó el dedo por las juntas y me hizo una pregunta que no supe responder.
Lo que hay en la junta, con luz UV, y la hidrolavadora de mano que el técnico alemán traía en la maleta: a la primera pasada, el chorro abre una franja limpia en el suelo sucio.
Un técnico de limpieza industrial alemán vino a pasar la Semana Santa a casa de un jubilado de Murcia y, sin decir nada, traía en la maleta su propia hidrolavadora, del tamaño de un taladro. Lo que le enseñó aquel sábado le cambió la forma de limpiar la terraza.
Llevo diez años jubilado y la terraza es cosa mía. Cada sábado, manguera y cepillo, una hora larga de rodillas. En la calle dicen que es la más limpia del barrio, y yo lo creía.
En Semana Santa vino a casa Dieter, el suegro de mi hija. Lleva treinta años en una empresa de limpieza industrial de Stuttgart. Entre la ropa de la maleta traía una pistola negra del tamaño de un taladro, con una batería roja. Le pregunté si venía a trabajar. Se rio.
Dieter, recién llegado, sacando de la maleta su hidrolavadora. «No viajo sin ella», me dijo.
El sábado me vio con la manguera y el cepillo. Esperó a que terminara, se agachó y pasó el dedo por una junta.
La baldosa, limpia. La junta, negra por dentro.
«¿Ve esto? Por fuera está limpio. Dentro de la junta, negro. ¿Y cuánta agua cree que ha gastado para dejarlo así?»
No supe qué contestarle.
«Unos cuatrocientos litros», dijo. «Y la junta sigue igual.»
Media hora de manguera son unos cuatrocientos litros, y la junta sigue negra
Esa noche hice la cuenta. Una manguera abierta echa unos quince litros por minuto. Con la media hora que la tengo abierta cada sábado, más de cuatrocientos litros. Lo que gasta una familia en un día.
Y la junta, igual. La manguera moja y arrastra lo suelto, pero no tiene presión. El cepillo frota la baldosa, pero sus cerdas no entran en la junta. El verdín y la mugre viven dentro, en el poro del cemento, y con la primera humedad vuelven a salir.
Manguera, cepillo y rodillas: así se sigue fregando la terraza en media España.
De cable, una empresa o más cepillo: los miré todos y ninguno me convenció
Lo primero que pensé fue una hidrolimpiadora de las de cable. Mi cuñado tiene una. Pesa, necesita enchufe y un grifo cerca, y cuando acabas te toca recoger cable y manguera. La suya lleva dos años en el trastero.
La de cable de mi cuñado, donde acaban casi todas: en el trastero.
Una empresa de limpieza me dio presupuesto para dejar la terraza como nueva. Lo que me pidió no lo voy a repetir, y cada invierno vuelve el verdín. Y frotar más fuerte con el cepillo ya lo hacía. Las rodillas no dan para más.
En la ferretería me quedé un buen rato en el pasillo de las hidrolimpiadoras. Todas con ruedas, cable y manguera de jardín. Y allí me acordé de la de Dieter: negra, del tamaño de un taladro, con un tubito metido en un cubo.
A la izquierda, lo que había en el pasillo de la ferretería. A la derecha, lo que traía Dieter.
Le pedí a mi hija que le preguntara qué era. La respuesta llegó esa noche.
«Es de batería y aspira de un cubo. No limpio con otra cosa.»
De batería. Pensé que sería un juguete, y me equivoqué
Una pistola de batería me sonaba a juguete. Pero Dieter me lo explicó, y tiene toda la lógica.
Aspira de un cubo. Un tubo con un filtro de malla va metido en un cubo de agua. No hace falta grifo ni manguera: sirve en la terraza, en el patio o al fondo del jardín.
El tubo de succión, con su filtro, dentro de un cubo normal. Con dos cubos hago la terraza entera.
La presión la pone el motor. Lleva dentro un motor con una batería de 21 voltios, como la de un taladro. La fuerza no depende del grifo: la hace ella.
Por dentro: el motor y la bomba, alimentados por la batería de abajo.
Dos chorros. Uno concentrado, que entra en la junta y arranca la mugre. Otro abierto, para aclarar sin dejar marcas. Y un bote para el jabón.
Las boquillas, el bote de jabón, el filtro y la lanza.
Y no es cosa solo de Dieter. Técnicos de limpieza de Alemania, Suiza y Países Bajos lo resumen igual: la suciedad de la junta sale con presión, no con más agua. Por eso allí la hidrolavadora pequeña de batería es de lo más habitual en casa.
El nombre que no dejaba de aparecer se llama WaterJet
Esta es WaterJet: la pistola, la batería y el tubo metido en el cubo. Por donde pasa el chorro, la baldosa recupera su color.
Busqué hidrolavadoras de batería y un nombre salía en todas partes: en foros, en reseñas y en dos grupos de bricolaje de Facebook que sigo. WaterJet. Tiene 4.892 reseñas, con una media de 4,8 sobre 5.
Antes de pedirla le mandé el enlace a Dieter. Me contestó con dos palabras: «Esa es». Tenía treinta días de prueba y se pagaba en la puerta de casa, al recibirla. Llegó en tres días.
La primera semana
Pesa como un taladro y se coge igual. Pones la batería, metes el tubo en el cubo, eliges boquilla y aprietas el gatillo.
El cubo en una mano y la pistola en la otra: donde va el cubo, llega el chorro. Con la boquilla concentrada, la línea limpia sale al momento.
Empecé por la esquina del desagüe, la peor. A los pocos segundos apareció una línea gris donde antes estaba negra. La junta, gris. No la había visto así desde que hicimos la terraza.
La misma esquina: antes, a los cinco minutos y al terminar. Resultados no típicos: dependen de la superficie y de la suciedad.
Toda la terraza, veinte minutos y dos cubos de agua. Y de pie.
Tres meses después: mi opinión sincera
Las juntas, grises. La primera limpieza fue la larga. Ahora, cada dos o tres semanas, una pasada rápida y listo.
Más cosas que la terraza. La valla del jardín, las escaleras de la entrada, los muebles y la barbacoa. Todo con el mismo cubo. Y con la boquilla abierta, hasta riego el huerto.
La valla del jardín, el huerto y las escaleras de la entrada, con el cubo a cuestas.
Pegas, las hay. Una batería da para una sesión: la terraza y poco más. Para la tapia uso la de repuesto. Y al principio usaba la boquilla concentrada para todo y dejaba marcas de agua. La abierta es para aclarar.
La tapia del patio, con la segunda batería.
Lo que más he notado: el sábado ya no es de rodillas. Y el agua, de cuatrocientos litros a dos cubos.
Lo que cuentan otros compradores
ANTES
DESPUÉS
Merche, 61 · Lorca. Una tarde.
★★★★★
«Mi terraza tenía verdín en todas las juntas y ya había llamado a una empresa. La probé antes de que vinieran y los anulé. En una tarde la dejé como nueva, con dos cubos de agua.»
— Merche, 61 · Lorca · ✅ Compra verificada
Resultados no típicos · Results not typical.
ANTES
DESPUÉS
Salva, 49 · Elche. La primera semana.
★★★★★
«Tenía una de cable que pesaba un quintal y no la sacaba nunca. Esta la cojo con una mano y la tengo colgada en el garaje. Pensaba que por ser de batería sería flojita, y da presión de sobra.»
— Salva, 49 · Elche · ✅ Compra verificada
Resultados no típicos · Results not typical.
Las sillas del jardín de Toni: con la boquilla abierta, sin frotar y sin marcar el plástico.
★★★★★
«Las sillas y la mesa del jardín se ponían negras cada invierno y acababa comprando otras. Ahora, el cubo al lado y la boquilla abierta: en media hora, blancas.»
— Toni, 58 · Cartagena · ✅ Compra verificada
Resultados no típicos · Results not typical.
WaterJet frente a todo lo demás
| WaterJet | Manguera | Cable | Empresa | |
|---|---|---|---|---|
| Junta | ✓ Limpia | ✗ Negra | ✓ Limpia | ✓ Limpia |
| Agua | ✓ 2 cubos | ✗ 400 l | ✗ Grifo | La suya |
| Enchufe | ✓ No | ✓ No | ✗ Sí | El tuyo |
| Recoger | ✓ 1 min | ✓ Poco | ✗ Mucho | ✓ Nada |
| Cada vez | ✓ Cargar | ✗ 1 hora | ✗ Montar | ✗ Pagar |
En el jardín: la batería puesta, el chorro hasta la copa de los árboles y el verdín fuera del camino.
Hablemos del precio, porque es la objeción evidente
No voy a fingir que cuesta lo mismo que una manguera y un cepillo. Pero hice la cuenta: una hidrolimpiadora de cable buena cuesta bastante más y acaba en el trastero, y una empresa te cobra cada vez que viene. Esta se paga una vez y solo gasta batería y un par de cubos de agua.
Y tiene treinta días de prueba: si no me hubiera limpiado las juntas, la habría devuelto y este artículo sería otro.
Actualización. Por el Día del Cliente, quien la pide desde esta página se lleva dos baterías de regalo, una puesta y otra de repuesto, con las boquillas, el bote de jabón y el maletín. Yo la de repuesto la uso para la tapia del patio.
Las dos baterías: con la segunda, la faena no se queda a medias.
⚠ Compras reales hechas desde esta página
347 vendidas de las 500 · quedan 153 con las dos baterías de regalo. Cuando se agoten, se acaba la oferta.
Las preguntas que me hacen los vecinos
¿Deja marcas en la baldosa? Con la boquilla abierta y a un palmo, no. La concentrada, para la junta.
¿Hace mucho ruido? Como un taladro. Bastante menos que una de cable.
¿Llega a todo el jardín? Sí. Va donde vaya el cubo: la valla del fondo, las escaleras o el borde de la piscina. No necesita grifo ni enchufe.
Entonces, ¿qué va a hacer?
Mi terraza, tres meses después. Las juntas, grises. Resultados no típicos.
Entiendo que una hidrolavadora no sea lo más emocionante que va a leer hoy. Pero yo llevaba diez años fregando la terraza de rodillas y gastando cuatrocientos litros cada sábado, convencido de que la dejaba limpia.
Puede seguir con la manguera y el cepillo. O puede hacer un cambio, una sola vez, y dejar el cepillo en el trastero.
Si lo hace, pídala desde esta página: por internet hay imitaciones que se enroscan a la manguera y dependen del grifo, y las dos baterías de regalo solo están aquí. La próxima vez que Dieter venga, podrá dejarse la suya en Stuttgart.
⚠ Aviso para el lector. Las dos baterías de regalo solo existen en esta página: si sales, las pierdes. Sigue bajando: debajo están las opiniones de quienes ya la usan y el acceso para los lectores. ↓
















