Con 58 años me escondía en las fotos para que no se me viera la joroba de perfil, ni con la rebeca por encima.
Hasta que un experto en descanso me enseñó esta almohada con un rodillo que sostiene el cuello mientras duermo
Así duermo ahora: el cuello sostenido desde abajo, toda la noche.
¿Y si esa curva de la base del cuello no fuera «cosa de la edad»? ¿Y si no fuera algo con lo que hay que «aprender a vivir»?
Eso me dijeron durante años. Hasta la foto más humillante de mi vida, delante de toda la familia. Aquella foto acabó llevándome a un experto en descanso y a la almohada que me sacó de la esquina de las fotos.
Si has pasado de los 45, te ves la curva de lado y le quitas importancia, esto es lo que nadie te explica.
La mano en la nuca, sin darme cuenta, diez veces al día.
Si alguna vez te has girado para ver cómo te caía una blusa y has apartado la vista del espejo…
Si alguna vez te has puesto la rebeca en pleno agosto para que no se te marcara…
Entonces sabes de qué vergüenza te hablo.
Durante tres años, esa fue mi vida. Al principio era solo la nuca cargada al despertar. Luego, la blusa que tiraba de arriba y caía distinta. Y al final, las fotos. En todas me ponía detrás, o de frente, para que no se me viera de lado.
Hasta que llegó la foto.
Fue en la comunión de mi nieto Daniel. En el banquete, mi hija iba haciendo fotos de la mesa. En una me pilló de lado, sin avisar.
La foto del banquete de la comunión de Daniel. Yo, de lado, sin saber que me la estaban haciendo.
A la semana llegaron las fotos al grupo de la familia. Daniel, con ocho años, amplió la mía en la tablet y lo dijo delante de todos: «Abuela, en esta pareces una tortuga.»
Todos se rieron. Yo también, porque qué iba a hacer. Esa noche, en el pasillo, me miré de lado un buen rato.
Todo el mundo me decía lo mismo: que era la edad, que era el móvil, que en mi familia todas habíamos acabado así. Y una amiga que ya lo tiene muy marcado me dijo algo que no se me olvida: «A mí me decían lo mismo que a ti. Y lo fui dejando. Ahora ya se me ha quedado.»
Lo probé todo, y todo trabajaba solo de día
Mi cajón de intentos. Todo lo que compré para ponerme recta, y todo para usar despierta.
Me gasté un dineral. Dos correctores posturales, que me sujetaban mientras los llevaba puestos. Masajes, que me dejaban nueva dos días. Ejercicios, media hora cada mañana. Y el «ponte recta» de mis hijas, diez veces al día.
Todo ayudaba un rato. Y todo era de día.
Ya me veía como mi madre, que acabó andando con la mirada en el suelo. Lo único que me sentaba bien era el pilates de los jueves. Tumbada boca arriba, con una toalla enrollada debajo del cuello, notaba el cuello estirado y descansado.
Los jueves de pilates, con la toalla enrollada debajo del cuello. Ahí estaba la pista, y yo sin verla.
Un jueves se lo conté a Lucía, la profesora: «Aquí tumbada, con la toalla debajo del cuello, me siento otra. Y en casa me levanto como un cayado.» Lucía había trabajado años con Andrés Colomer, que se pasó veinte años diseñando almohadas para una gran marca de colchones y lo dejó. Y Andrés tenía una teoría.
«Esa curva no se hace de día. Se fabrica de noche, ocho horas seguidas, con el cuello en el aire.»
La extraña almohada con un rodillo que sostuvo mi cuello desde la primera noche
ComfortSleep™: el rodillo gris de delante sostiene el cuello y el hueco blanco recoge la cabeza.
Cuando te tumbas, la cabeza siempre encuentra dónde apoyarse. Lo que se queda en el aire es el hueco entre la nuca y el colchón.
La almohada de siempre, alta y blanda, hace justo lo contrario de lo que haría falta. Sube la cabeza y deja el cuello sin nada debajo. La cabeza cae hacia delante y el cuello duerme doblado. Ocho horas, todas las noches.
La almohada de siempre sujeta la cabeza, pero deja el cuello en el aire: la cabeza cae hacia delante, noche tras noche.
«Es como un alambre», me explicó Andrés. «Si lo dejas doblado ocho horas, se queda doblado.»
De día el cuello se corrige solo cien veces. Te estiras, cambias de postura, te levantas a por agua. De noche, no. Y pasados los 45, lo que la noche deja hecho el día ya no lo deshace.
Andrés buscó durante años la forma de sostener el cuello toda la noche sin tener que acordarse de nada. Lo resolvió con un equipo de ingenieros del descanso de Valencia: una almohada viscoelástica con un rodillo en el borde que rellena ese hueco. Primero el cuello, después la cabeza.
Andrés Colomer en su taller de Valencia, con los primeros prototipos del rodillo.
La llamó ComfortSleep™.
Yo no me lo creía. Con dos correctores en el cajón, pensé: otra más. Pero ¿qué tenía que perder?
Esa noche la puse con el rodillo gris hacia mí. Apoyé la nuca encima y la cabeza se me quedó en el hueco blanco del centro. Rara, la verdad. Como la toalla del pilates, pero blanda.
Y entonces pasó.
Por primera vez en tres años, me levanté sin ese tirón de la nuca del primer rato.
El primer desayuno. «¿Te has dado cuenta de que no te has llevado la mano a la nuca ni una vez?»
En el desayuno, Tomás, mi marido, me miró raro. «¿Te has dado cuenta de que no te has llevado la mano a la nuca ni una vez?» No me había dado cuenta. Llevaba tres años haciéndolo sin pensar.
Mis 30 noches: de la esquina de la foto a la primera fila
Aquella primera noche fue solo el principio.
Yo, de lado, en el mismo pasillo: antes, a las dos semanas y al mes. Resultados no típicos: varían de una persona a otra.
- Semana 1. Las primeras noches se nota rara: el cuello lleva años apoyándose de otra manera. A la cuarta ya ni me acordaba. Y me levantaba sin la nuca cargada.
- Semana 2. Dejé de llevarme la mano al cuello. Me puse la blusa blanca que tiraba de arriba, la que tenía olvidada en el armario.
- Semana 3. Mi hija me hizo una foto de lado sin avisar. No la borré.
- Semana 4. En el cumpleaños de Daniel me puse en la primera fila. Y de lado.
El cumpleaños de Daniel. Esta vez, en la primera fila.
ComfortSleep™ no me ha dado otra espalda. Me ha quitado la rebeca de encima y me ha devuelto las fotos. Resultados no típicos: varían de una persona a otra.
Por qué funciona: primero el cuello, después la cabeza
No es magia. Es postura.
- Un rodillo que rellena el hueco de la nuca. El apoyo empieza en el cuello y termina en la cabeza, no al revés.
- Una altura que no se hunde a media noche. La viscoelástica recupera la forma en vez de ceder con las horas.
- De lado y boca arriba. Las dos posturas, porque todo el mundo cambia varias veces por la noche.
- Una funda transpirable y lavable. Sin el calor de las viscoelásticas macizas.
En la misma cama: con la almohada de siempre, la barbilla se mete hacia el pecho. Con el rodillo, el cuello queda sostenido y la barbilla neutra.
Hace de noche lo que la toalla enrollada del pilates. Pero las ocho horas, y sin que tengas que acordarte de nada.
Lo que han comprobado los profesionales. Antes de fabricarla en serie, Andrés envió el prototipo a profesionales del descanso y la postura de Reino Unido, Estados Unidos y China, sin decirles de dónde venía. Todos volvieron con la misma frase: «Es la única almohada que he probado que respeta la curva natural del cuello.»
No me creas solo a mí
No soy la única. Ya somos más de 4.617 personas en España las que dormimos con el cuello sostenido.
ANTES
DESPUÉS
Isabel, 57 · Huesca. Seis semanas durmiendo con ella.
ANTES
DESPUÉS
Maribel, 61 · Pamplona. Un mes.
ANTES
DESPUÉS
Paco, 64 · Jaén. Cinco semanas.
Experiencias individuales. Resultados no típicos: varían de una persona a otra.
★★★★★
«Me ponía la rebeca en pleno agosto para que no se me marcara. Este verano, en la comida de mi cumpleaños, me puse delante de todos. Y de tirantes.»
— Amelia, 62 · Almería
Resultados no típicos · Results not typical.
Amelia, en la comida de su cumpleaños.
★★★★★
«Pensaba que era el móvil, porque es lo que te dicen todos. Lo dejé un mes y nada. Con la almohada, a la segunda semana ya no me levantaba con la nuca cargada. Y el móvil lo sigo usando igual.»
— Lourdes, 57 · Palencia
Resultados no típicos · Results not typical.
★★★★★
«Fue mi mujer la que me lo dijo: que me estaba quedando como mi padre. Pedimos las dos, una para cada uno. Y ahora el que se levanta más estirado de los dos soy yo.»
— Benito, 67 · Cáceres
Resultados no típicos · Results not typical.
Benito y Julia, cada uno con la suya.
La oferta que hace fácil decidirse
Si me preguntas a mí, volver a salir de lado en las fotos no tiene precio.
Cuando le conté a Andrés que iba a escribir esto, le pedí una cosa: que a quien lo leyera no le cobraran la segunda. Y hoy, por el Día del Cliente, quien llega desde este artículo se lleva la segunda de regalo.
Tiene sentido. La curva no se fabrica solo en tu lado de la cama. La segunda es para quien duerme a tu lado, o para tu hermana, que ya se la ve en el espejo.
Hoy, por el Día del Cliente: compras una y te llevas la segunda de regalo.
- La segunda de regalo, para quien duerme a tu lado
- Pagas en la puerta de tu casa, al recibirla
- 30 noches para probarla en tu propia cama
Oferta por tiempo limitado: por qué se agota
⚠ Compras reales hechas desde esta página
356 vendidas de las 500 · quedan 144 con la segunda de regalo. Cuando se agoten, se acaba la oferta.
«Cada almohada se corta, se forra y se prueba a mano. Este año nos hemos quedado sin unidades tres veces, y eso no se puede acelerar.» Andrés Colomer
El taller de Valencia: cada almohada se ajusta y se prueba a mano.
Y con la segunda de regalo, se van más deprisa de lo que se fabrican. No pases otra noche con el cuello en el aire. No esperes a que se te quede, como a mi amiga.
Cómo conseguirla (mientras quede)
ComfortSleep™ solo se vende en su tienda oficial. No está en Amazon ni en grandes superficies. Las que se le parecen por fuera no llevan el rodillo a la altura del cuello.
30 noches para probarla en tu cama. Y pagas en la puerta de tu casa.
ACTUALIZACIÓN: el próximo lote es incierto y puede tardar de dos a tres semanas. Te recomiendo pedirla hoy y asegurarte la segunda de regalo.
⚠ Aviso para el lector. La segunda de regalo solo existe en esta página. Si sales, la pierdes. Antes de decidir, sigue bajando: debajo están las opiniones de quienes ya duermen con ella y el acceso para los lectores. ↓













