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189 euros.
Eso fue lo que me llegó de luz este enero. Ciento ochenta y nueve euros. Con la caldera puesta a 19 grados porque ya no me atrevo a subirla más.
Cuando abrí el sobre me quedé mirándolo fijamente. Volví a contar los números. No había error. Era enero de 2026 y mi pensión se estaba yendo por el sumidero de la factura eléctrica.
Lo peor no fue el número. Lo peor fue darme cuenta de algo que llevaba ignorando años.
Estaba calentando 80 metros cuadrados de casa para estar yo solo en el salón.
Habitaciones vacías consumiendo. El cuarto de mis hijos que ya no vive nadie. El pasillo. El baño de invitados.
Y mi pensión, mes a mes, consumiéndose también.
No soy de quejarme. Pero ese día, mientras guardaba la factura en el cajón donde guardo las cosas que no quiero mirar, pensé: esto no puede seguir así.
Cambié todas las bombillas a LED. Apago el stand-by de la tele cada noche. Pongo la lavadora de madrugada para aprovechar la tarifa nocturna. Tengo regletas con interruptor en cada enchufe.
La factura seguía subiendo. Cada mes un poquito más. Como si se riera de mí.
Mi caldera tiene 14 años. El técnico que vino el año pasado ya me avisó: "Estas calderas antiguas gastan el doble que una nueva". Pero una nueva son 3.000 euros más instalación. Dinero que ahora mismo, después de las navidades, no tengo.
Miré aires acondicionados con bomba de calor. Splits de 2.000 euros con instalación, permisos de comunidad que tardan meses, técnicos que hay que llamar cada año para la revisión. No me compensa el lío.
Una semana después, estaba en el bar de siempre tomando el café de la mañana. Salió el tema de las facturas, como siempre en enero. Todos quejándose, todos igual.
Pero Manolo, mi vecino del tercero, se quedó callado. Manolo tiene 67 años, está jubilado como yo, y vive en un piso parecido al mío. Cuando le pregunté qué le había llegado de luz, me dijo:
Me quedé mirándole como si me estuviera tomando el pelo. 47 euros. Con el frío que ha hecho este enero. En un piso igual que el mío.
— ¿Pero tú no enciendes la calefacción o qué?
— La caldera casi no la uso — me dijo —. Tengo otra cosa.
Y entonces me lo explicó.
El sobrino de Manolo trabaja en una empresa alemana de climatización. El año pasado le regaló un aparato que, según él, "en Alemania está en todas las casas pero en España casi nadie conoce".
Se llama AirMAX AC. Es un aire acondicionado portátil que hace frío Y calor. Sin instalación. Sin tubo exterior. Sin obras.
Manolo me lo explicó así:
— Mira, Antonio. Tú tienes la caldera encendida calentando 80 metros cuadrados. Pero tú estás sentado en el salón, que son 15 metros. ¿Para qué calientas los otros 65?
— Porque la calefacción funciona así — le dije.
— Exacto. Pero esto no. — Se señaló hacia su piso. — Yo tengo el AirMAX en el salón. Calienta SOLO el salón. Cuando me voy al dormitorio, lo muevo al dormitorio. Solo caliento donde estoy.
Esa misma tarde, Manolo me dejó subir a su casa a ver el aparato. Era más pequeño de lo que esperaba. Blanco, discreto, con unas lucecitas verdes.
Me enseñó su última factura: 47,23 euros.
Y entonces saqué la calculadora del móvil e hice las cuentas:
142 euros de diferencia. Al mes. Solo por calentar donde estás en vez de toda la casa vacía.
Si multiplico eso por los 5 meses de invierno, son más de 700 euros al año. Y el aparato cuesta menos de 60.
— ¿Y en verano? — le pregunté.
— En verano lo mismo, pero con frío. Un solo aparato para todo el año.
Le pedí que me lo explicara como si tuviera 5 años. Esto fue lo que me dijo:
Imagina que tu calefacción central es como regar todo el jardín cuando solo quieres regar una maceta. Abres el grifo y el agua va a todas partes, aunque tú solo necesites mojar una planta. Gastas agua de más.
El AirMAX es como una regadera: solo echa agua donde la necesitas. Calienta SOLO la habitación donde estás. No gasta energía en habitaciones vacías.
Además tiene un chip inteligente que mantiene la temperatura constante sin estar tirando energía todo el rato. Cuando la habitación llega a la temperatura que quieres, baja la potencia automáticamente. Cuando baja un poco, vuelve a subir. Sin que tengas que tocar nada.
— Es como tener un termostato inteligente pero portátil — me dijo Manolo —. Y sin tener que llamar a nadie para instalarlo.
Cuando bajé a mi casa, busqué el AirMAX AC en internet. Lo encontré en una tienda española con envío en 48 horas.
Lo que me terminó de convencer fue esto: se paga contra reembolso. No tengo que dar la tarjeta por internet. El paquete llega a mi casa, lo abro, lo compruebo, y ENTONCES pago. Si no me gusta, lo devuelvo.
Con la desconfianza que me da comprar por internet, eso fue clave.
Lo pedí un martes. El jueves ya lo tenía en casa.
Lo saqué de la caja, lo enchufé en el salón, le di al botón de encendido y seleccioné "calor".
En 5 minutos, el salón estaba calentito. Sin esperar media hora como con el radiador de aceite. Sin ese ruido de la caldera arrancando. Sin pensar en cuánto me iba a costar.
El mando a distancia tiene botones grandes y claros. Nada de pantallas táctiles ni configuraciones raras. Encender, apagar, frío, calor, más, menos. Ya está.
Esa noche lo moví al dormitorio antes de acostarme. Lo encendí 10 minutos antes de meterme en la cama. Cuando entré, la habitación estaba perfecta.
Dormí sin la caldera encendida por primera vez en años.
Esperé con nervios a que llegara la factura de febrero. Había usado el AirMAX casi todos los días, moviéndolo del salón al dormitorio. La caldera solo la encendía para el agua caliente.
Cuando llegó el sobre, lo abrí despacio.
53 euros.
Tuve que sentarme.
El AirMAX se amortizó en menos de dos semanas. Todo lo demás es ahorro neto.
Voy a ser honesto: depende.
Después de mi experiencia, se lo conté a mi hermano, a mi cuñada y a un compañero del bar. Los tres se compraron uno.
Resultados:
— Mi hermano (piso de 70m², caldera de 10 años): ahorro del 65%. Más que yo incluso.
— Mi cuñada (adosado con calefacción de gasoil): ahorro del 45%. Muy contenta.
— Mi compañero del bar (piso nuevo con aerotermia): ahorro del 20%. Menos notable, pero aún así positivo.
La conclusión que saco es que cuanto más antigua sea tu instalación y más grande tu casa en relación a donde vives realmente, más se nota el ahorro.
Si vives solo en un piso de 80 metros y solo usas el salón y el dormitorio, el ahorro es brutal. Si vives 5 personas en 60 metros y usáis toda la casa, la diferencia será menor.
Lo que más me gusta:
Lo que menos me gusta:
Solo tengo uno, así que si quiero tener el salón Y el dormitorio calientes a la vez, tengo que elegir. Pero para mí no es problema porque no estoy en los dos sitios a la vez. Manolo tiene dos, uno fijo en cada habitación.
Después de publicar esto en el grupo de WhatsApp de mi comunidad, me llegaron varios mensajes de vecinos que también lo habían comprado. Estos son algunos:
Mira, yo no soy influencer ni nada de eso. Tengo 62 años, estoy jubilado y mi único blog es el grupo de WhatsApp de la comunidad.
Pero después de ver lo que me ha ahorrado este aparato — y sobre todo, la tranquilidad de abrir la factura de la luz sin que me dé un vuelco el corazón — sentí que tenía que contarlo.
Porque sé que hay miles de personas como yo. Jubilados con pensiones que no suben pero facturas que no paran de subir. Gente que pasa frío en su propia casa por miedo a lo que llegará a fin de mes.
Si a una sola persona le sirve, habrá merecido la pena escribir esto.
El AirMAX AC se vende online. Yo lo compré en la tienda oficial española y me llegó en 48 horas.
Lo que me gusta de la compra:
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Llevo ya un mes con el AirMAX AC. La factura de febrero acaba de llegar: 53 euros.
Si sigo a este ritmo, cuando acabe el invierno habré ahorrado más de 500 euros solo en estos 4 meses.
Con ese dinero mi mujer y yo nos vamos a ir unos días a ver a los nietos a Barcelona. Algo que no hacíamos desde antes de la pandemia.
Si estás harto de abrir la factura de la luz con miedo, pruébalo. En el peor de los casos lo devuelves. En el mejor, te cambia el año.
— Antonio
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