La mayoría no lo ve venir: fatiga digital.
Ese cansancio mental que arrasó tu energía sin que te dieras cuenta.
Pantallas, notificaciones, redes… Tu móvil se volvió una fuente constante de ruido.
Y tú, más dispersa, más irritable, menos tú.
Lo peor es que parece normal.
Despiertas y lo primero que haces es mirar el móvil.
Y en 10 minutos ya revisaste 5 apps distintas sin querer.
Probaste de todo: silenciar, borrar apps, ponerte horarios…
Pero el problema no era el uso. Era el dispositivo.