Sofía no contestó mensajes. No fue a clase. No comía. No dormía. Las persianas bajadas, el móvil en silencio. La humillación era absoluta.
Una semana después, su novio —o exnovio, mejor dicho— le mandó un audio: “Lo siento, pero no puedo estar con alguien que es el hazmerreír del grupo”. Fue como una puñalada.
Durante días, escondía su ropa interior sucia dentro de bolsas selladas, esperando encontrar el valor para lavarla. A veces, la tiraba. A veces, la usaba más de una vez.
Llegó a cortarse el cabello sola, a dejar de mirarse al espejo. No era ella. No era nadie. Era un chiste en internet. Y entonces, en el fondo de ese dolor… algo se encendió