Marta era conocida por su entrega. Durante más de dos décadas trabajó limpiando casas ajenas. Siempre puntual, siempre con una sonrisa.
Pero detrás de ser tan servicial y proactiva, sus manos ya no podían más.
Aguantó el dolor durante meses:
👉 Le dolían los nudillos
👉 Se le dormían los dedos
👉 Sentía pinchazos al escurrir un trapo
Hasta que fue al médico. El diagnóstico fue contundente: artritis avanzada por esfuerzo repetitivo.
Con miedo y vergüenza, se lo confesó a una de sus empleadoras.
Y en vez de apoyo, recibió una carta de despido.
❝ Me sentí inútil. Como si todos esos años de esfuerzo no valieran nada. ❞
Fue en ese momento cuando decidió algo: Nunca más arriesgaría su salud por limpiar.